Pintura al óleo
Si supiera pintar al óleo no dudaría en retratar la imagen que vi ese verano. Compré pasaje en un bus de cuarta porque estaba en esa edad en la que hay que empezar a ahorrar seriamente para los proyectos a largo plazo si no lo hiciste antes. Todo a última hora, típico de mi.
Las cincuenta y tantas almas viajabamos a merced de la voluntad de unos conductores que se detenían a fumar o a comprar cualquier chuchería en el camino, subían gente para hacerse unas lucas extra y el baño no tenía agua para lavarse las manos. Sin derecho a reclamo, porque no se viaja a Coquimbo en plena temporada estival por quince mil.
Me cuesta mucho conciliar el sueño en los buses y cuando ya había agotado todas mis fuentes de entretenimiento en un viaje que parecía tediosamente más largo de lo habitual reparé en el reflejo del primer asiento.
Ahí estaban esta joven madre con su hijo de unos 8 o 9 años. El niño colgado de su cuello, sumido en un profundo sueño. Ella doblada en una posición que solo una madre podría sostener para que su hijo duerma tranquilamente. La vista perdida en el paisaje que se desplegaba frente a la ventana. Nunca supe descifrar qué había exactamente en aquella mirada, pero era una mezcla de fascinación por lo que veía, seguramente, cansancio y preocupación. Una preocupación silenciosa, enmascarada, de madre soltera, cuya única certeza es que las cosas van a estar bien para ambos, que tarde o temprano todo se va a resolver, porque se tienen el uno al otro.
Con un estilo bien punk y desafiante, apoyaba sus zapatillas converse doradas en el vidrio oscuro. Ropa afín y el pelo corto desordenado de un rubio que rayaba en amarillo. Sin embargo, en su mirada había madurez, entrega, ¿expectación?, y ¿paz? ¡Ay! Si tan solo supiera pintar al óleo.
Lo primero que se vino a mi mente al ver aquello fue una pintura del romanticismo. La mirada de la madre cargada de una emoción inescrutable, a la que décadas después los historiadores del arte suelen añadir significado, una vez que ciertas cosas del contexto histórico global decantan, adquieren sentido, o se revela alguna conexión con el artista, real o imaginaria. En fin, qué se yo, solo tuve un ramo de eso en la universidad.
Pero también podría haber sido fácilmente una escultura del mismo período, de esas bien detalladas en frío mármol blanco... Aunque, pensándolo bien, no. Demasiada divinidad para algo tan cálido y humano. Tan común y singular al mismo tiempo. Tan delicado y robusto.
Me quedé con la pintura, finalmente. Una pintura que solo ha de existir en mi mente. Que solo puedo utilizar palabras para describir.

Comentarios
Publicar un comentario